Recorrer un camino

4 Oct

Y pararse después, decir ¡Uy!, ni me había dado cuenta, y en un segundo de insensata sonrisa, badabúm, ya caiste en las redes de las cosas que vuelan.

Hacia como desde el 2000 que no decidía subirme a uno de esos instrumentos que sirven para llegar de aqui a Tokyo ¡ En sólo 16 horas!, el pánico a una tormenta con rayos y todo eso, ha podido conmigo, de hecho terminó por anikilar mi instinto Srta. Fog.

Lo he intentado todo, tanto es así que he aprendido a volar yo sóla, con la mísera ayuda de un trozo de ala artificial de colores, y sí, vale, ya sé que las nubes te suben y que las piedras grandes también, ya sé lo que es una corriente térmica, y porque de repente los pajaros al mediodía de verano suben sin parar sobre las carreteras que nosotros cruzamos pegados al suelo…ya lo sé, y me doy por conforme: He volado yo sóla.

Eso sí, que no me metan en una de esas cosas metálicas.

La cosa empezó mal, un mes antes del viaje ya tenía sueños raros, que si un rayo por aquí, que si el oxígeno salta por allá…en fín, lo normal.

Billetes ya pagados, poco se podía hacer, llevaba tanto tiempo diciendo que iría a verla que sólo podía resignarme a pensar que tal vez, esta vez, sería algo mejor.

Ya estuve allí, todo un día en el que dudé si cojer aquel tren o dormir un poco y esperar a recuperar el equilibrio. Y me quedé, y me dormí, y el vuelo se retrasó y volví, y regresé, y a mi vuelta estaba Ge, me parecía justo, que esta vez, a mí llegada también estuviese Ge.

Y así de sencillo es como me subí en un avión en Valladolid y salí de él en Londres. Ge sustituía Plz Castilla por Victoria Station, y la sonrisa de entonces por la brillantez de ahora.

Es bueno recordar el origen de las cosas, es así cuando uno evita perderse con frecuencia.

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