Malta

 Octubre 2005

Nos despertamos en Malta; los Fenicios ocuparon las islas, y las llamaron “Malalt” que significa “Refugio Seguro”…

Caminamos cuesta arriba y muy temprano buscando un café de buenos días en la única calle con bares abiertos de La Valleta, café de silencio y miradas que extrañan, nadie responde ni en inglés ni en italiano, será que es muy temprano y tras la barra bajita una camarera nos mira y se rie, sonreimos, y el café es agua pura.

Buscamos una parada de autobús que no existe, finalmente señora que dice ser italiana nos ayuda a encontrar la linea que baja hacia Silema.

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Lo de los autobuses de Malta es un caso aparte, son autobuses viejísimo, la mayoría son de color amarillo y naranja, con banderitas y cromados, los conductores de estos autobuses son en general también sus dueños, nos toca señor bigotes que sonrie cuando nos damos cuenta de que esas cuerdas que cuelgan por todo el techo, se dirigena una pequeña campana al lado del conductor, que no es más que un avisador de paradas.

Silema no nos gusta, hay mucha gente, hemos buscado un lugar, al otro lado de la isla, sabemos que se llama “Paradise Beach” y aunque el nombre nos deja con un poco de recelo, decidimos que la peregrinación debe llegar hasta allí. Esto supone viajar en el bus amarillo más de una hora, y cuando nos damos cuenta, la isla se acaba. Nos bajamos en algo parecido a un muelle, en el que vemos ferrys hacia la cercana Gozo. Subimos una cuesta y un camino, unos 3 kilómetros, y allí al borde de la nada, un rincón del mediterráneo.

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El sitio parece sacado de un paisaje lunar, nos ofrecen una especie de bocadillos más árabes que europeos, y ensalada con olor a Grecia por apenas 3 €.

Bajamos a la arena, el agua está calentita y muy muy limpia, estamos en Octubre, y aquí el tiempo pulula de otro modo, lento y suave.

Aún así, sabemos que tenemos que volver, otro bus amarillo nos tiene que dejar en la Valleta.

Cuesta arriba de nuevo, olor a lluvia y flores dulces (hibisco?)

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Aquí uno siente el paso de muchos, también desde hace miles, enclave en mitad del mare nostrum, lugar para descansar, caminar, confundir el suelo con las casas, acercarse a África sin dejar Europa.

Caminar desde la ciudad que protege.

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