Sidi bu said
Sidi bu said – Túnez- Ãfrica Octubre 2005
Desde Túnez decidimos huir a otro lugar, buscamos la estación de tren y un horrible francés de hace más de 10 años conseguimos que nos dijeran cual era el próximo tren hacia Sidi bu said. Aquella iba a ser una sorpresa de azules y reflejos preciosos. un dulce tras la amargura de la capital tunecina.
El viaje en trén duró como dos horas, prando en cada una de las estaciones, en las que siempre habÃa gente esperando otro tren en direción opuesta.
Llegamos al fin a sidi, impresionante, cuesta arriba. Sidi bu said está a los pies del yebel Manar (montaña del Faro) frente al Mare Nostrum . Sus callejuelas inmaculadas, el azul lÃmpido de sus puertas y ventanas, sus misteriosas celosÃas, sus techos redondeados y su dulce atmósfera mediterránea hacen de ella un lugar atemporal…
De todas maneras, el hambre hacÃa estragos en nosotros, buscamos entonces un lugar que a mi lado recordaban. El sitio estaba compuesto por una serie de tejados de otras casas en los que habÃa mesas, colchones y todo ello brillando al sol del golfo de túnez.
Las vistas eran preciosas. el hombre que regentaba el bar, nos ofreció una especie de ensalada de couscous y algo asà como salchichas de cordero. Además de unos pasteles deliciosos, té verde y por supuesto fumar en una shisha tabaco de frutas.
La verdad es que para mà ese fue el primer momento de tranquilidad en Túnez y en el que me sentà más a gusto.
Al cabo de un rato aparecieron amigos felinos a saludar, y se quedaron con nosotros, guardando nuestras pocas pertenencias y pasando la tarde a la sombra en la azotea que teniamos por palacio.
Recorrimos cuesta arriba el pueblo, me habÃan preparado otra sorpresa de alas. en lo más alto del pueblo, además de unas vistas impresionantes habÃa un pequeño cementerio, en el cual no es molestia dejar que tus huesos descansen. Mucha paz y silencio, muchisimo azul que recarga almas como esta.
Pasamos por más callejuelas, ahora ya cuest abajo, encontramos rincones preciosos, relamente andalucia se parece muchisimo a todo esto, y la influencia es notable.
En las calles de abajo, se oÃa ya el bullicio extranjero, apurando las últimas horas de comercios abiertos para turistas.
Nueva curva en camino para topar con ella, era una mujer bastante mayor, unos ochentaytantos años, me miró, miro la cámara y se dió la vuelta, zapateando a toda velocidad calle abajo. Me imagino que estas gentes desean que llegue la noche y se lleve a los turistas, para hacer finalemnte su vida en este pueblo que sólo ellos conocen y saludan cada mañana con el sol reflejante en sus fachadas.
Antes de irnos, una niña en la calle nos gritaba cosas con un pincel de henna en la mano, la niña desaliñada cojió mi mano y me hizo un dibujo precioso, luego tambien cojió de nuestras manos unas cuantas monedas (las de mayor valor). Se reia, contenta, como si hubiese logrado engañar al europeo. Yo creo que eso es normal allÃ, aunque no guste, la verdad es que no me gusta la miseria, y menos la aceptación de la misma, como parte de un mecanismo en el que claramente la riqueza está mal dividida entre las personas que lo habitan.
Después de eso, paseos y trenes, conversaciones de ilegal sonrisa en tren que baja a Túnez. Misma canción, mismo sonido. A ratos, ganas de volver al otro lado del mediterráneo. Sentirse como un objeto, sentir como nos consideran poco más que nada a su alrededor. Soberbia.
Creo que no volveré a túnez nunca. Sin embargo aqui he puesto los pies. Sidi bu Sais es un respiro azul en mitad del desierto y la encrucijada de caminos que es hoy la antigua Cartago.
Como dicta un proverbio árabe muy conocido: “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo. “.
Yo no elejà este viaje, ya que vino regalado. Para mà Tunez ha sido eso, pero a mi lado el proverbio tenÃa mucha más razón de ser.
Ese presente dilatado se estremece en otras luces, ahora ya en una esquinita de Ãfrica.




















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